Empatía para Plutón

I

Un día desperté y me dijeron que Plutón ya no era un planeta. Al principio no lo podía creer, porque crecí sabiendo que lo era. O sea, cuando nací, Plutón era un planeta. Cuando me mié en medio salón del kinder por miedo de ir solo al baño, Plutón era un planeta. Cuando en clase de ciencia tuve que memorizar el orden de los planetas: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter Saturno, Urano, Neptuno y Plutón, Plutón era un planeta.

Y me lo recordaron en todas las clases de ciencias de todos los grados de la escuela y todos los grados del colegio. Es más, cuando Britney y Justin se vistieron de denim, Plutón era un planeta. Cuando Bebeto le dedicó a su bebé el segundo gol contra Holanda en Estados Unidos 94’, Plutón era un planeta. Y por si fuera poco, en el episodio quince de la temporada cuatro de Doctor Who, en 1977, ahí mismo lo dicen: Plutón es un planeta.

II

¿Quién dijo que Plutón ya no era un planeta? ¡Obvio, la Tierra! El mismo planeta donde nació el chisme, la mentira, la difamación, ¡el egocentrismo! Ay, el ego. Si no fuera porque la misma Tierra tuvo que aceptar que todo el Sistema Solar gira alrededor del Sol, seguiría diciendo que toda la galaxia da vueltas alrededor suyo. Y claro, cuando la Tierra salió con ese cuento de que Plutón no era un planeta, Mercurio y Venus le creyeron a la primera. Andan siempre cerca de la Tierra porque la necesitan para sentirse cool.

De hecho, mientras todos giran alrededor del sol, la Tierra siempre habla pestes del planeta que esté más lejos sólo por placer. Todos lo saben pero nadie nadie habla del tema.

Antes de que todo esto pasara —cuando Venus y Plutón seguían siendo amigos— Venus le contó a Plutón que la Tierra estaba obsesionada con él. Que estaba siempre al tanto del punto de su órbita en el que estaba. Decía que era gracias a ella —a la Tierra— que Plutón era un planeta. Pero como Plutón siempre le anduvo de lejos, se enojó y empezó a crear chismes acerca de él.

Decía que era “un solitario miserable”, “un inseguro”.

Plutón le preguntó a Venus que por qué seguía siendo amiga de la Tierra si sabía que le estaba haciendo daño, y ella le respondió que tenía mucho miedo de que si se apartaba, la Tierra iba a destruirla tal y como lo estaba haciendo con él.

Por eso, el día en que la Tierra soltó el rumor de que Plutón no era un planeta y Venus pasó horas culpando a Plutón de que se sentía “traicionada”, Plutón decidió que ni siquiera hacía falta responderle, porque sabía que no era traición lo que sentía, era miedo a la Tierra.

Igual, Venus siempre se acomoda donde mejor le dé el Sol.

Marte y Saturno se conocieron gracias a Plutón. Él, ¡en su propia fiesta de cumpleaños! en vez de celebrar sacó el tiempo e hizo todo lo posible para presentarlos porque sabía que harían una buena pareja. De hecho ya tienen un par de milenios juntos y Saturno ya tiene los anillos listos.

Es verdad que Plutón no es muy social. Es introvertido e hipersensible, por eso le afecta mucho lo que piensen los demás de él. Es algo que ha tratado en terapia con su luna Nix, pero se le ha hecho difícil superarlo a pesar de que su luna siempre le da seguimiento. Por eso cuando Júpiter hizo lo que hizo, Plutón terminó de hundirse.

Júpiter, Júpiter, Júpiter. Él era el mejor amigo de Plutón. De ese tipo de amistades en el que, si bien no se cuentan muchas intimidades, no falla la compañía cuando hace falta.

Ese mismo día (o noche, según de cuál planeta me leás), cuando la Tierra lo acusó de no ser un planeta, Plutón llamó a Júpiter para que lo acompañara. Se sentía confundido, tenía constantes ataques de pánico y entonces empezó la paranoia: que iba a ser abandonado por Urano —con quien había hecho una amistad tan poderosa que podía ser abierto pero siempre sensible y se sentía aceptado, ¡tremendamente a gusto!— Y que Neptuno —de esos amigos que se ven cada mil años pero cuando se encuentran parece que fue ayer— lo iba a odiar y ya no se volverían a ver las caras.

Plutón estaba muy mal y Júpiter lo sabía, por eso estaba ahí para él. Hasta que la angustia le caló profundo y Plutón fue incapaz de razonar. Entonces aparecieron los pensamientos autodestructivos. Pensó que de qué servía ser un planeta si el resto del Sistema Solar creía que no. Que iba a quedar en el olvido. Hasta empezó a creerse, por unos segundos, que a lo mejor y no era un planeta en realidad.

Plutón, desconsolado, dijo que ya no tenía sentido seguir existiendo; quería explotar hasta no ser más que una nube de polvo. Y cuando Júpiter lo escuchó, lo abandonó y nunca más le volvió a hablar.

Plutón quiso creer que Júpiter no lo hizo por influencia de la Tierra, sino que le dió miedo perder a un amigo y estúpidamente se deshizo de él. O simplemente no era el amigo que él creía que era. No importa cuál fue la razón, Plutón sintió un dolor tan profundo que le hizo un cráter horrible, y finalmente decidió buscar la manera de dejar de existir.

Ahora. No tiene mucho sentido crear un momento de tensión alrededor de un posible suicidio de Plutón porque todos sabemos que sigue ahí. Enterito. Pero es importante contar por qué sigo creyendo que es un planeta, y sobre todo, porque sigue ahí y no esparcido en partículas por toda la galaxia.

Quien haya pasado por alguna situación similar, quizá lo haya deducido. Pero si no, es importante que les cuente cómo reaccionaron Urano y Neptuno ante los rumores de la Tierra.

Para hablar de Urano, tenemos que devolvernos un poco en el tiempo. Ella y Plutón se vieron una vez hace mil años. Urano no se acuerda, Plutón sí. Y como la vida da muchas vueltas, se volvieron a ver y se hicieron amigos cercanos. ¡Aún cuando están a millones de kilómetros de distancia! Es una amistad que Plutón nunca había sentido. Sincera, honesta, transparente. Tan transparente que fue por el mismo Plutón que Urano se enteró del chisme. Lo que sentía Plutón por Urano era recíproco. Por eso Urano no abandonó a Plutón.

Venus le pegó el grito a Urano de que tuviera cuidado con Plutón, que no se juntara con él porque no era un planeta. Urano se le plantó a Venus y le dijo: “¿Vos qué sabés? ¡Yo sé las dos partes de la historia y no ando haciendo chismes!”.

¡Qué grande Urano! Por eso les puse literalmente lo que dijo.

Luego apareció Neptuno, justo a tiempo y como si se hubiera visto con Plutón ayer. Con su habitual elocuencia, contundencia y sentido común, logró calmar a Plutón y recordarle lo que es: un planeta. Y que nadie debe hacerle creer lo contrario. Al final, nadie conoce a Plutón más de cerca que él.

Fue hace 12 años que dijeron que Plutón no es un planeta. Al menos en el calendario de acá, en la Tierra, donde nacieron el chisme, la envidia, la manipulación, la difamación. Aquí, en donde cualquier ser en un planeta diminuto dentro una galaxia de ciento de miles de kilómetros, puede usar unas cuantas palabras para intentar destruir la vida de alguien y hacerle creer a la gente que uno es algo que no es.

III

Un día desperté y me pasó lo mismo que le pasó a Plutón. Por eso les cuento esto. Aunque sigo aquí, enterito, gracias al amor de Urano y Neptuno, no dejo de pensar en él. Porque sentí lo que sintió cuando creyó que ya no era más un planeta y que todo el Sistema Solar lo iba a abandonar. Porque sufrí un dolor tan profundo que me dejó un cráter que tomará milenios en tapar. Pero sobre todo, porque también busqué la manera de dejar de existir. Por eso no puedo sentir más que empatía por Plutón.

 

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Diego Barracuda